Originaria de la Antigua China, la medicina tradicional es una ciencia ancestral no agresiva y muy preventiva que ofrece resultados eficaces y rápidos. Se trata de una medicina holística que entiende que no existen enfermedades, sino enfermos que se ven afectados por el entorno, las influencias externas y la forma de sentir. En este sentido, se realiza una valoración completa a nivel orgánico, energético y emocional, interviniendo asimismo en la totalidad del ser.

Los pilares básicos sobre los que se sustenta la medicina china incluyen la Teoría del Yin y el Yang y la Teoría de los Cinco Elementos, partiendo de la premisa de que toda forma de vida del universo es animada gracias a una energía vital denominada “Qi” (El “Chi”, presente en otras técnicas como Tai-Chi o Chi-Kung). Esta energía circula por los canales energéticos, conocidos como meridianos, y la enfermedad ocurre cuando esta circulación se desarmoniza por exceso, defecto o estancamiento de la energía.

Para armonizar el organismo se utilizan técnicas de tratamiento como la acupuntura y moxibustión, el masaje tuina y la orientación dietética. Una de las principales características de estos tratamientos, además de su efectividad, es que carecen de efectos secundarios, tan frecuentes en los fármacos convencionales, abriendo un gran abanico de posibilidades para atajar los males causados por el entorno y las circunstancias personales, trabajando la energía de una forma guiada y obteniendo resultados satisfactorios.